|
URTABI. ISLAS MEDAS 2007
21, 22 y 23 de septiembre
Como casi todos los años, no podía faltar la salida de Urtabi a las Medas en el 2007. Durante los últimos años, se ha ido asentando esta escapada en el mes de septiembre, pues además de estar de vuelta de sus vacaciones la mayoría de los socios del club, existe una menor afluencia de buceadores a L´Estartit. Esto es interesante, pues durante el verano puede haber unas quinientas personas buceando en esta Reserva Marina cada día, lo que en ocasiones puede dar sensación de buceo en el camarote de los hermanos Marx, entre otras molestias. Para nosotros suele ser la primera salida tras el verano, en la que nos reencontramos con los amigos del club e intercambiamos las experiencias de la “Temporada Alta” mientras disfrutamos de nuevas emociones.
Así que, el viernes 22, en dos grupos, uno de mañana y otro de tarde, nos juntamos en el “Medas” de la autopista en Arrigorriaga para partir en caravana, con los coches aparentemente más llenos de bártulos que de buceadores, en dirección a Cataluña. Tras el largo y cansado recorrido, con breves paradas para repostar unos refrescos, picoteo y gasolina, llegamos al Hotel Les Illes en pleno puerto de L´Estartit, pasada la media noche. Los compañeros que ya habían llegado antes, y que solidariamente nos aguardan, nos cuentan sus inmersiones de la tarde, para que vayamos “sumergiéndonos” en ambiente, antes que en la cama o en el mar. Nunca faltan las guasas sobre lo turbia o fría que está el agua o el mal pronóstico meteorológico para el día siguiente. Afortunadamente, estas “amenazas” se diluyen tras descubrir las pícaras sonrisas del bromista. Nos preparamos para una corta noche, en la que no habrá tiempo para holgazanear en la cama, pues a primera hora debemos desayunar para asistir a la primera inmersión del día. El ritmo frenético nos acompañará todo el fin de semana para poder exprimir los dos días y obtener el mayor número posible de inmersiones y experiencias. Los más activos submarinistas llegarán a hacer 5 buceadas, 6 si han llegado en el primer grupo que bucea el viernes. El resto del tiempo lo dedicamos a descansar, alimentarnos, pasear y salir a tomar algo, o de tiendas. El fin de semana se presenta animado en L´Estartit, pues se celebra una fiesta pirata en la que habrá desfiles, mercadillo, actividades lúdico festivas…
 |
LAS INMERSIONES
Isla de la Pedrosa
Como primera inmersión del sábado, a media mañana, nos corresponde esta buceada costera, alejada de las Islas Medas.
En una bahía cercana a L´Estartit, bajo el islote que le da nombre, transcurre un túnel submarino con dos ramales sin complicaciones, aunque se debe vigilar el tráfico de embarcaciones en superficie antes de emerger, siendo preferible hacerlo por el arpeo del barco que nos llevó hasta allí. Nos dejamos caer al agua por el lado costero del islote descendiendo al fondo por aguas turbias. Sin dificultad alcanzamos la embocadura del túnel, que cerca de la entrada presenta un gran escalón que nos obliga a descender hasta una profundidad que no supera los 25 metros, en un fondo de cantos rodados. Las paredes del túnel están tapizadas de pequeños brotes de coral rojo, junto al que nadan las cabras, los sargos y los corvallos (o corvinas). Tras un breve recorrido, salimos de la oscuridad y nos decantamos por ir hacia la derecha. Aquí podemos apreciar algunas zonas cubiertas de gorgonias festoneadas por castañuelas y sargos, entre las que, de cuando en cuando, nos sorprende alguna langosta, o algún rascacio, entre otros peces como doncellas de colores imposibles. Regresando por la cara externa de la Isla de la Pedrosa, nos acompañan grandes bandadas de sargos, salpas y otros, con alguna lubina despistada. Durante el regreso al barco, observamos una fina y larga grieta en el fondo, de varios metros de largo, de la que salen docenas de hileras de burbujas del aire atrapado en la cueva que escapa por donde puede. Es el aire que hemos respirado ya los 26 o 27 miembros de esta aventura y que con su huída hacia la superficie nos indica que ya es hora de emerger.
 |
|
 |
Carall Bernat Poco antes de la tradicional hora del té o de la merienda, volvemos a embarcar. Inmersión que se inicia cerca de la pared oeste del Carall Bernat, con la intención de rodearlo hacia el sur. Poco antes de completar la vuelta completa desandamos (¿o desnadamos?) nuestros pasos y regresamos a diferente cota por la rica pared del Carall Bernat que da hacia alta mar, para terminar en la dirección de Tascons. A la ida podemos ver y fotografiar varias clases de flora y fauna: cabrachos, vaquitas suizas, gorgonias, submarinistas (y encima de la mejor especie, de los del club), sargos comunes y picudos, miríadas de anchoas, bogas, anthias y castañuelas… Durante el regreso nos concentramos en la vida pequeña de las paredes, anémonas, nudibranquios y más bandadas de sargos, obladas y bogas. Casi debajo del barco aparecen grandes meros y morenas, que llegarían a hacerse monótonos si no nos sorprendieran aquí o allá formidables sargos reales o corvallos. En alguna oquedad sombría somos saludados por la enorme cabeza de pacientes meros que posan sin prisas para la posteridad. Ya en la embarcación, no dejan de escucharse alabanzas para este lugar que nos ha deparado tantos encuentros sorprendentes.
 |
|
 |
Negre del Falaguer
Tras dar mucho la lata, los del Hotel les Illes nos brindan esta inmersión nocturna que disfrutamos, aunque podíamos haber dejado pasar, por aportar pocas novedades y por la pereza que nos daba el remojón frente a otros planes más calentitos. Sin embargo, allí estábamos los aguerridos chicarrones del norte, en número más reducido, todo hay que decirlo.
Nueva inmersión en la costa, en un enclave duro, junto a barrancos acantilados de quebradas rocas. La inmersión se desarrolla junto a la pared, en la socorrida modalidad “de ida y vuelta”. El fondo, a poco más de 10 metros, se caracteriza por los grandes bloques de roca que en algún momento de la historia han caído de los requemados farallones que nos rodean. No se observa mucha vida, sin embargo podemos ver varias liebres de mar, una de ellas nadando entre dos aguas, y varios ermitaños en sus grandes conchas adornadas con anémonas. Uno de estos parecía desde lejos un pepino con un agujero del que asomaba el cangrejo. Tras acercarnos pudimos ver que tenía dos anémonas en lados opuestos del cascarón, al que ocultaban completamente. La cercanía no rompía el efecto. Entre los peces destacaban las escórporas de las que pudimos ver varios ejemplares de todos los tamaños. Destacaré un pequeño cabracho de vivo color rojo que tendría menos de cinco centímetros de largo. Además los ubicuos sargos, anthias ocultos en agujeros y un enorme sargo real. Si a esto añadimos un par de pequeñas cigarras de mar, ya podemos salir del agua rápidamente para ver si nos secamos y volvemos a puerto para tomar algo por ahí.
 |
|
 |
La Vaca
A primera hora de la mañana nos sorprende este clásico de las Islas Medas, en aguas más claras que ayer. También el sol ayuda, iluminando los fondos, con redes móviles de luz paseando sobre las ondulaciones de la arena. Nos acercamos al túnel grande y decidimos atravesarlo por el pequeño y estrecho corredor que hay a la izquierda, a unos 8 metros de la superficie. Nos deslizamos ingrávidamente, compensando con nuestros chalecos el aumento de presión, pues estamos descendiendo, y queremos evitar rozar las paredes, para no levantar suspensión, por si alguien quiere disfrutar de este camino después de nosotros. El recorrido por el estrecho tubo es delicioso. Finalmente desembocamos en el gran túnel, con su enorme boca de salida a mar abierto. Aquí registramos la mayor profundidad de nuestra inmersión, unos 24 metros, si bien es posible un mayor descenso. Al llegar a esta zona, nos llama la atención un grupo de buceadores del club, que permanece cercano al fondo de bloques de roca, en una escena más típica del cine western: los submarinistas vaqueros están rodeados por una tribu de grandes meros que dan vueltas a su alrededor para pararse a mirarles, de vez en cuando. Algunos de ellos incluso se dejan tocar sin mostrar miedo ni alejarse. Nos apuntamos al grupo de vaqueros para disfrutar del momento mágico y descubrir que no sólo hay meros. También abundan los valerosos sargos. Además el fondo nos sorprende en algunos huecos con grandes escórporas, galateas, nudibranquios de varios tipos, como las vaquitas suizas (menuda ambientación para el western). Retomamos lentamente el camino de vuelta. Junto a la entrada del túnel, en su pared derecha y a dos aguas, contemplamos miles de peces: sargos comunes y reales, obladas, anchoas, castañuelas, anthias…flotan, casi sin moverse, a distintas profundidades en bancos o dispersos. Y parece que,
hacia la lejana superficie, que no vemos, habrá más. Nos podríamos quedar siempre disfrutando de la feracidad del entorno. Regresamos al túnel que nos devolverá a las inmediaciones de la embarcación. Ahora escogemos la galería más amplia, iluminada por la luz exterior en casi todo su recorrido. Nos recreamos en las grandes rocas y los amplios huecos, mientras ascendemos el equivalente a dos escalones de gigantes. Una vez fuera, y visto que aún tenemos aire para un rato, seguimos la pared de la derecha. La visibilidad ha aumentado y hay más luz que antes. Observamos la vida pequeña y alcanzamos otra pequeña cueva con dos ramales, que se encuentra en el istmo que une la península de La Vaca al continente de la Meda Gran. Al llegar, y desde lejos, ya habíamos visto dos grandes meros evolucionando cerca de su entrada Ahora podemos estar junto a ellos, si bien se muestran más esquivos que los “indios” de antes y se van alejando hacia escondites sombríos. De nuevo en el exterior sobrevolamos una zona rocosa en la que varios sargos y algún cabracho nos dan las últimas alegrías de la inmersión. Un sargo real especialmente grande se hace responsable de despedirnos de este sugerente fondo de La Vaca. Ya no hay nubes en el cielo y el sol calienta nuestro rostro, mientras encajamos las aletas en la escalerilla para subir a bordo. ¿Qué pesa más? ¿El equipo o los montones de imágenes mentales que estamos subiendo a bordo y que tiran de nosotros hacia el fondo? Seguro que las imágenes, que hacen que volvamos inexorablemente a dejarnos caer en este fondo o en el que se tercie.
 |
|
 |
Dofi Sud
Última inmersión de esta expedición, que se hace a continuación de la anterior, tras pasar por el puerto a cambiar de botellas y favorecer el intercambio de plazas entre los que no repiten y los que no han querido madrugar para la primera buceada.
A poco de entrar en el agua y descender un poco, damos con la entrada de la galería central, precisamente donde está instalada la escultura del delfín que da nombre a esta zona de buceo, sobre unas rocas. Tras los saludos de rigor a este viejo amigo metálico con el que ya hemos estado anteriormente, la gente se reparte por el entorno para hacer su propio plan. Nosotros cruzaremos el gran túnel a poca distancia del fondo, intentando seguir las evoluciones de meros y sargos reales cerca de la entrada, a la que llegamos desde la escultura del delfín por una breve galería. Sin embargo en esta zona el agua está turbia al haber sido zona de encuentro y partida de varios grupos que han levantado una respetable suspensión. Con los focos en la mano, nos alejamos de esta entrada, buscando el lado opuesto del enorme pasillo de 70 metros de largo, buceando a dos aguas, si bien más próximos al fondo. El paseo nos acerca a algunos habitantes de estos oscuros fondos: tubícolas y vida pequeña en general, algunos sargos y una hermosa brótola, fantasmagórica por su librea gris y la negrura del entorno. Al alcanzar la salida nos percatamos de lo poco que nos queda para entrar en deco, por lo que decidimos regresar en ese momento y que lo haremos cerca del techo. Este cambio de cota nos permite alargar ligeramente la inmersión y disfrutar de nuevas sorpresas: anémonas de varios tipos, pólipos y gorgonias, pequeñas ramas de coral rojo, que sabemos, por Eduard Admetlla, primer explorador de esta cueva, que hace cincuenta años eran mucho más abundantes y largas; los anthias y otros peces nadando invertidos al tener como referencia únicamente el techo y un enorme congrio que se oculta poco a poco en el agujero del techo en que vive. Junto a él, minúsculos cangrejos, de color rosáceo, el mismo de las rocas y sus incrustaciones en ese sitio, a los que no llegamos a identificar. La deco nos urge a abandonar el túnel por lo que salimos al exterior y nos situamos en una roca plana a 3 metros para esperar el tiempo estipulado con el mayor entretenimiento posible. Desde este balcón podemos ver, ahí arriba, el interior de la rompiente, con sus nubes de sargos y obladas moviéndose con agilidad entre la espuma iluminada por el Sol, un poco más abajo corretean bandadas de salpas. Junto a nosotros, en la roca, todavía hay vida pequeña, alguna estrella, algún nudibranquio… ¿Ya han pasado ocho minutos? ¡Parece mentira! El regreso de esta última inmersión es inmejorable, buen ambiente, intercambio de experiencias, el Sol del Mediterráneo, fotos, camaradería, color, luz, brisa marina, gotas de agua salada…
 |
|
 |
LA DESPEDIDA
Ya sólo nos queda regresar y despedirnos de esta aventura cansados, pero henchidos de gozo. Regresar a puerto, cambiar la indumentaria submarina por la de calle, empacar los trastos, comer, fotografiarnos juntos y experimentar una nueva sentada en el coche, con algunas sorpresas imprevistas, como la coincidencia en un área de la autopista con algunos de los compañeros que venían desde Madrid a los que ya no esperábamos ver en un tiempo. En el corazón el deseo de repetir esta y otras mil aventuras.
LOS COMPAÑEROS
A esta aventura nos entregamos:
Andoni, Nekane, Josemi, Txus, Manu, Juanjo, José Ignacio, Miguel y Andoni Puebla, Fermín, Pata, Jorge, Oscar, Jon, Pedro, José Andrés, Berna, Ricar, Laura, Carmen, Rafa, Mar, Josu, José Luis, Joseba, Unai y Patxi
Patxi Diez de Ulzurrun Molina |
|