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Un descubrimiento del Mar Rojo de la mano de URTABI.
Diciembre 2006. Día 10. En el Cantábrico el agua del mar estará a unos 13 grados. La temperatura del aire, que este año ha sido más templada de lo habitual, no supera los 9º. El cuerpo pide ropa de abrigo. El otoño ha sido seco pero hoy llueve abundantemente en Bilbao y el día es frío y gris.
No importa.
Acabamos de regresar de un crucero de buceo en el Mar Rojo y todavía sentimos en el corazón el calor del Sol, el abrazo de las aguas templadas a unos 24º, percibimos el suave movimiento de pequeñas olas meciendo al Sea Queen I bajo nuestros pies y tenemos los ojos llenos de luz, colores submarinos y recuerdos imborrables.
La aventura de los preparativos
Hace menos de un año, los miembros del club Urtabi de buceo nos planteamos regresar a las acogedoras aguas del Mar Rojo. Para buena parte de los socios este era un destino recurrente, ya que el club tiene costumbre de organizar al menos un gran viaje de buceo anual y, muchos de ellos ya habían estado enrolados en una aventura en este mar, algunos varias veces, y también en otras aguas (Australia, Indonesia, Galápagos…) Ellos conocían el destino, el barco y, casi con seguridad, a varios miembros de la tripulación. Sin embargo, al viaje también acudiríamos unos cuantos novatos en las aguas tropicales o en uno de los destinos de buceo más carismáticos del mundo.
Desde que tomamos la decisión de acudir a esta convocatoria del club, comenzaron los preparativos: algo de equipo nuevo y de repuesto, recogida de información sobre Egipto, el Mar Rojo, lugares de buceo, especies a ver… Enseguida me convencí de que iba a ser una ocasión digna de recordar y me plantee dos objetivos:
Estar preparado físicamente y entrenado, lo que suponía bucear más a menudo que en los últimos años. Este objetivo fue alcanzado ampliamente, con inmersiones variadas desde abril hasta octubre: Muchas desde la costa, otras desde embarcación, o con el Club, o con los amigos de siempre, nocturnas, en pecios… Lástima del último mes y medio en que las condiciones del mar no estuvieron de acuerdo con el plan de entrenamiento.
Conseguir una cámara de fotos con Flash externo y familiarizarme con su manejo. Este objetivo fue más costoso y entretenido, por buscar la mejor relación calidad-precio ajustado a mi presupuesto y por varios problemas que presentó la cámara: La compré el pasado mes de julio, con la ayuda del Club.
Gracias a estos dos objetivos ya había disfrutado del viaje y la aventura ampliamente antes del día de la salida, con la recogida de información, hablando del viaje y los preparativos con los veteranos del Club , con las muchas horas de buceo y de entrenamiento con la cámara nueva… Los últimos diez días transcurrieron vertiginosamente lentos, por un lado no acababa de llegar el día de la salida y por otro, la ansiedad generada por el viaje me hacía repetir varias veces algunas tareas, como comprobar el equipaje, remirar mapas, libros y páginas de Internet, como ( www.abandodive.com ), ( www.sinaidivers.com/espanol.htm ), o ( www. bajo el agua .com .) Además, comprar algún pequeño detalle que de última hora…
El viaje
Parte de los miembros del club salieron dos días antes, para aprovechar el paso por El Cairo y poder ver las Pirámides, La Esfinge de Gizeh , el Museo Egipcio… El resto partimos el 2 de diciembre. Tuvimos ocasión de visitar, al menos, el Bazar de Khan El Khalili en la escala que el viaje aéreo con EgyptAir hace en el Cairo. Se trata de un barrio entero dedicado al comercio. Hay referencias que aseguran que es el mercado más grande del mundo árabe. Consiste en tiendas y tenderetes apiñados entre calles y callejuelas, aprovechando cualquier pequeño hueco, en el que destaca la luz y el colorido de las mercancías en venta y la variedad de olores que van de las fragancias más sutiles y exóticas de las especias o los comestibles al hedor más inmisericorde de la basura amontonada en algunos rincones. Es posible ver a las gentes del lugar haciendo su vida diaria, comprando, vendiendo, paseando, asistiendo a los oficios en la Mezquita… demuestran en todo ello pasión e interés, por lo que resulta contagioso, por ejemplo, regatear en una compra sin importar el tiempo que cueste rebajar unas monedas.
Resulta muy cómodo poder usar euros, si bien se puede abaratar comprando con dólares o libras egipcias. También es bastante fácil comunicarse en castellano o en inglés y otros idiomas europeos. En un caso más extremo, uno de los vendedores se defendía incluso en Euskera.
Además, pudimos descansar tomando refrescos, infusiones, o café y fumando Shisha en el renombrado café Al Fishawy .
Después, nos reencontramos en el Aeropuerto con el otro grupo de los miembros de Urtabi , y el viaje comenzó a ser el mismo para todos. Volamos hacia Sharm El Sheik . Desde el aire se puede disfrutar de la sinuosa costa de la Península del Sinaí, y descubrir algunos de los puntos de buceo más emblemáticos como los de Ras Mohamed .
Del aeropuerto llegamos al puerto en un salto. El autobús nos permitió ver el paisaje de las escarpadas estribaciones del Sinaí, de un ocre reseco que contrastaba con el intenso azul del cielo. Tras el breve trámite de la presentación, la exposición de normas de a bordo, la compra de cervezas, la elección del tamaño de botellas, y la asignación de camarotes, el Sea Queen I largó amarras surcando el rojizo atardecer en dirección a las Goubal Islands . Una luna casi llena nos iluminaba desde las alturas. La mayor parte de nosotros nos despedimos de tierra, ya descalzos, en bañador y camiseta, en la terraza de la cubierta superior con una sonrisa relajada y aventurera en los labios, mientras Andoni, instructor del Club y divemaster en esta singladura, nos daba detalles de lo que nos esperaba en los próximos días.
Aún era de día cuando llegamos a nuestro primer destino, junto a las Islas de Goubal, fondeados encima de la zona de buceo conocida como The Barge , La Barcaza. Un grupo de huidizos delfines pasaron junto al barco al rato de arribar, a modo de saludo y bienvenida.
Las inmersiones
4 de diciembre de 2006
La primera zambullida tuvo lugar al día siguiente, y era la que llaman “de chequeo”. El Mar Rojo es más salino que el Cantábrico. De hecho, es el mar abierto más salino del mundo. Al variar la densidad del agua, también varía la flotabilidad y es preciso ajustar el peso del lastre. Habitualmente la diferencia es de unos dos kilos, que se deben añadir en el Mar Rojo al ser mayor la flotabilidad positiva. Uno a uno, todos los que no habíamos buceado antes en este mar, y previo acopio de más plomos en el cinturón (o en el Jacket ), fuimos haciendo una sencilla prueba de flotabilidad ante el riguroso juicio de David, nuestro guía de buceo en castellano. Se trataba de dejar todo movimiento, vaciar el chaleco y soltar después el aire de los pulmones, si conseguíamos hundirnos suavemente, el lastre era adecuado. Durante esta prueba, permanecíamos en superficie echando ávidas miradas hacia el fondo, a unos 15 metros de profundidad, a ese nuevo mundo por descubrir, el del arrecife coralino. Lo primero que nos llamó la atención fue la visibilidad, que sería de unos 25 metros, algo casi inimaginable en el Cantábrico, y la temperatura del agua, a unos 24 o 25 grados, que a esa hora de la mañana era superior a la del aire.
Pronto iniciamos la inmersión en las luminosas aguas. Descubríamos por todas partes a los extraños habitantes de este mundo, alguno de los cuales ya tenía nombre para nosotros y otros que no. En los restos oxidados de la barcaza descubrimos los primeros peces león (Pterois Radiata) y escorpión (Pterois Miles), los peces loro, un escorpénido de gran tamaño, un pez cocodrilo y algún pez trompeta. Después la corriente comenzó a arrastrar a todo el grupo, y ese fue también un nuevo encuentro: Las corrientes son muy habituales en toda esta zona norte del Mar Rojo, realizándose muchas de las inmersiones a la caribeña (o drifting ), es decir, dejándose llevar por la corriente, como si fuera un tranvía que permite ver la vida marina con poco esfuerzo, según se pasa a su lado, para ser recogidos por una Zodiac al finalizar la zambullida. Nuestra primera experiencia lo fue con tramos de corriente más fuerte, que evitábamos para reunir el grupo acercándonos al fondo arenoso, o tras grandes rocas coralinas. No siempre es una experiencia agradable la primera vez, pero también tuvo su gracia. Claro que, si queríamos ver algún detalle durante más tiempo, teníamos que aletear más, a costa de permanecer menos tiempo en el agua por haber consumido más aire con el esfuerzo.
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Inmersión de chequeo y tortuga comiendo alcionarios |
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Se formaron tres grupos de buceo, que se sumergían alternativamente, en puntos diferentes que luego irían rotando, en otras ocasiones los grupos se formaban en torno a la dificultad, profundidad o peculiaridad de la inmersión, pudiendo cada cual elegir el programa a su gusto y asumiendo las condiciones del mar. Por ejemplo: nuestra segunda inmersión, para el grupo de neófitos en el Mar Rojo, tuvo lugar en el lugar de hundimiento del Ulysses en medio de una fuerte corriente que disgregó al grupo, que hubo de reunirse junto al casco del viejo carguero a vapor y vela, lo que limitó la visita al pecio. Sin embargo el grupo que acudió allí en la primera inmersión no tuvo corriente en la zona, pudiendo ver el casco, los restos de la chimenea y la bañera del capitán con calma. Por otro lado, a nosotros la corriente nos permitió recorrer el arrecife por un largo trecho, durante el que pudimos ver nuestras primeras tortugas, además de la fauna habitual (peces loro, morenas, peces león, anthias….).
En la tercera inmersión, en una pared del arrecife, las condiciones del mar fueron más suaves y la ligera corriente nos permitía desplazarnos y observar la vida marina con comodidad.
La cuarta inmersión era la primera nocturna que haríamos en el Mar Rojo. El lugar de buceo: la barcaza que estaba bajo nuestro barco. Potentes focos iluminaban el interior de las aguas desde la popa de los dos barcos que permanecían fondeados en este punto de buceo. La luna llena observaba nuestras evoluciones desde las alturas, compitiendo con los focos de los barcos para guiarnos bajo las aguas. Una ligera corriente nos acompañaba, insistente, aunque era fácil de remontar. Descendimos por el arpeo hasta el fondo e inmediatamente nos acercamos a los restos de la barcaza, que permitían burlar la corriente. La magia de los fantasmales focos de nuestros compañeros más alejados no nos distrajo para poder ver los seres ingrávidos que poblaban el pecio. Peces león y escorpión se hacían dueños del lugar gracias a su número. También los fusileros de Suez nos envolvían en ocasiones, como un telón que, al abrirse, nos descubría otra sorpresa, como un pez cocodrilo, o algún cangrejo ermitaño, o una quisquilla oculta entre las ramas de un coral. En la proa (¿o, tal vez sería la popa?) de la barcaza, se semi-ocultaban peces ardilla y en el interior, en un hueco, pudimos ver, asombrados, nuestro primer pez piedra, de un tamaño respetable. Al salir, apagamos los focos, disfrutando de una mágica claridad que permitía ver a varios metros de distancia, gracias a la luz de la luna y a los focos de los barcos.
5 de diciembre de 2006
Al día siguiente, con un clima más fresco y una mar movida que nos recordaba al Cantábrico, hicimos dos inmersiones en el Rosalie Moller . Se trata de un carguero hundido en la segunda guerra mundial en octubre de 1941. El flete que portaba era carbón, es decir, un suministro de energía que los bombarderos alemanes con base en Creta no podían dejar llegar a su destino. La Historia registra dos muertos en este ataque. El pecio se encuentra en posición de navegación sobre un fondo de 50 metros. La cubierta está a unos 25-30 metros de profundidad, aunque los palos se encuentran a unos 17 metros. La inmersión, aquejada de menor visibilidad debida a la materia en suspensión, que nos aseguraron que es habitual en la zona al ser el fondo fangoso, fue de nuevo una gozada. No sólo era fácil reconocer las distintas partes de la nave, muy bien conservada, sino que la vida submarina había tomado todos los rincones: grandes meros de distintas clases, los omnipresentes peces León y escorpión. Miríadas de peces cristal sobre la cabina, rincones decorados con anémonas con sus peces payaso, estandartes, peces loro, peces ángel, peces mariposa sobre los ojos de buey, magnos carángidos… Además descubrimos las bodegas, los pasillos de a bordo, la chimenea con su gran “M” aún visible y la cocina en la que aún se puede ver un puchero puesto al fuego, cubierto por incrustaciones y limo depositado a lo largo de los 65 años que lleva hundido.
Con el regusto agradable de unas inmersiones bien aprovechadas, atravesamos el estrecho de Goubal , mientras mejoraba ostensiblemente el tiempo, para dirigirnos al Thistlegorm . Este buque, cargado con carbón, munición, armas, vehículos (camiones, tanquetas, motos, máquinas de ferrocarril y vagones, coches todo terreno…), y otros suministros militares tan dispares como alas de avión o botas de goma, fue hundido en las mismas circunstancias que el Rosalie Moller pero dos días antes, el 6 de octubre de 1941. 9 personas murieron en el bombardeo y posterior hundimiento.
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Cabina y Bodega del Thisgtlegorm
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El pecio reposa en Sha´ab Aly , sobre un fondo de 30 metros, partido por la explosión, encontrándose el tercio de popa escorado a babor y el resto de la nave en posición de navegación. La proa está a unos 12 metros de la superficie. Realizamos tres inmersiones: por la tarde de ese día, la nocturna y la primera de la mañana. Todas fueron extraordinarias: la primera por la novedad y el recorrido de popa a proa; la nocturna por la fantasía a la luz de los focos y la vida; aunque la tercera destaca por la mayor visibilidad y por el recorrido pausado de sollados, cubiertas inferiores y cabinas, saliendo al exterior por el puente. Durante las distintas zambullidas pudimos ver el atractivo cargamento, tan variado que prácticamente todos nos quedamos sin ver algo (las alas de repuesto, los obuses, las locomotoras, los sidecares de algunas motos, el siluro…) al ser imposible atender a todo lo que se presentaba ante nuestros ojos. No solo resulta llamativo ver camiones o motos antiguas bajo el agua, además estamos en el interior de una nave, rodeados de vigas, viguetas y planchas metálicas por todas partes, en los techos al aire ya respirado por cientos de buceadores queda retenido actuando como un espejo en cada rincón. De cuando en cuando brotan columnas de burbujas que proceden de las cubiertas inferiores, de otros visitantes como nosotros y la luz natural entra por muchos huecos, permitiendo ver en ocasiones a bastantes metros de distancia dentro del pecio. En cualquier rincón nos visitan peces de todos los tamaños y especies: anthias, loros, hachas, murciélagos, mariposas, cirujanos, cristales, carángidos, fusileros, morenas, ángeles, leones, cocodrilos… Aseguran que este pecio, dada la afluencia de buceadores, se cerrará para explotación comercial, limitando las inmersiones y cobrando un gravamen especial para poder realizar la inmersión. Por eso, aprovechad a visitarlo cuanto antes, no solo por eso, sino por el deterioro que padece al llevar tanto tiempo en el agua y al soportar el desgaste que supone tanto turista desaprensivo que rompe o sustrae algunos elementos del barco.
6 de diciembre de 2006
Nuestra siguiente inmersión fue en Small Crack , que es un pasillo que comunica el exterior de un arrecife con una laguna interior de fondo arenoso. Merece la pena el recorrido exterior del arrecife, a lomos de la suave corriente, disfrutando de una explosión de vida y color a todas las profundidades, desde las morenas, rayas de puntos azules y pequeñas anguilas que asoman verticalmente de sus agujeros del fondo a los coloridos habitantes del arrecife. A destacar: la anémona roja poblada por temerosos peces payaso, que fue la única de ese color que hemos visto estos días, y el pasillo de entrada a la laguna, flanqueado en algunas zonas por corales mesa (Acróporas) y en otras por corales cerebro o panal infestados de Anthias de varios colores y peces mariposa de varios tipos acompañados por sus parejas. Huidizos meros, despreocupados peces loro, salmonetes amarillos y un curioso napoleón de buen tamaño que se vino a reír de nosotros al ver que se nos terminaba el aire, ya junto al barco. La nota gris la puso la porquería que pudimos ver en el fondeadero, junto a los caparazones vacíos de varias caracolas de mar. Además de cáscaras de huevo que algún buceador irresponsable habría dado a los napoleones, vimos huesos de pollo, anillas de latas de refresco y una copa rota.
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Payasos en Small Crack y Anthias en Anemone Bay
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El resto del día tuvimos dos inmersiones, la de la tarde y la nocturna en Stingray Station , uno de los puntos de las Alternatives , que es similar a una laguna a resguardo de las corrientes. Fue impresionante la diferencia entre las especies que pululan por entre las madréporas durante el día y las que lo hacen por la noche. Recuerdo un promontorio coralino sobre el que por la tarde nadaban miles de peces cristal, entre otras especies, que aparecía vacío y desangelado por la noche. Por otro lado, en la inmersión nocturna pudimos ver un calamar, varios peces payaso, cofre y globo, algunas morenas, un napoleón oculto en un hueco de una roca coralina, así como diversos peces mariposa, cirujanos o ángeles igualmente escondidos. Desde luego, pudimos irnos muy a gusto a la cama.
7 de diciembre de 2006
Las dos primeras inmersiones de la mañana fueron en el Parque Nacional de Ras Mohamed desde Shark reef , pasando por Anemone Bay hasta Yolanda Reef . El recorrido nos permitía disfrutar de distintos tipos de paisaje (pared coralina, campos de anémonas, el Azul, fondos arenosos…) cuajados de vida por doquier. Resulta imponente la sensación de dejarse llevar por la corriente en el Azul, sabiendo que el fondo está a 700 metros de profundidad, mientras nos rodean túnidos, carángidos y un napoleón curioso. Si bien, lo fantástico del Azul es, tal vez, lo que no se ve, pero se adivina (¿Habrá tiburones cerca?, o tal vez ¿barracudas?...). A todo esto acompaña una cierta dosis de angustia (Y…, ¿si caigo hacia el fondo? O, …si se me suelta el gran angular…, ¡irá hundiéndose y no lo recuperaré nunca!…) menos mal que el viaje no es demasiado largo y en seguida vemos la meseta del Yolanda Reef y nos centramos en ver lo que tiene para ofrecernos: más napoleones, meros patata muy grandes, así como alguna morena gigante, peces cocodrilo, piedra, rayas de arrecife con sus puntos azules, alcionarios de todos los colores y los restos de lavabos, bañeras, tuberías, inodoros y demás que dejó atrás el Yolanda al embarrancar con el arrecife y que aún están allí, acompañando al BMW del capitán. Los restos no combinan con el paisaje madrepórico, pero se esfuerzan en hacerse un sitio, ofreciendo escondite a los peces y soporte a los corales. En una esquina del oxidado, y casi desaparecido, contenedor metálico hay una estación de limpieza en la que un mosqueado Emperador espera con paciencia que un lábrido limpiador termine su trabajo para poder alejarse de ese animal que llena al agua de burbujas y no hace más que dispararle a los ojos con un curioso rayo de luz cegadora que dura muy poco tiempo.
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El mismo día nos dirigimos al estrecho de Tirán, famoso por su colorido y riqueza en especies, pudiendo sumergirnos al atardecer en Jackson Reef y por la noche en la Laguna Sur junto a la isla de Tirán. Son paredes que merece la pena ver, llenas de vida y con sorpresas que vienen del azul, como una gran barracuda que se nos aproximó dos veces, o las enormes gorgonias de dos metros de altura, en las que se oculta vida pequeña como el simpático pez halcón de morro largo. En esta ocasión, hacia el final de la inmersión nos acercamos al borde superior del arrecife, mejor iluminado por el sol vespertino, y evolucionamos entre cientos de peces de todo tipo, que parecían bañarse en la rojiza luz del atardecer. El regreso al barco en la Zodiac fue mágico: por un lado estaban los restos de un carguero que embarrancó hace años en este lugar, por otro, la elegante silueta del Sea Queen I , nuestra casa flotante en este viaje, compartiendo horizonte con el disco solar, como empezando a despedirse de nosotros, pero, eso sí, con sus mejores galas.
La inmersión nocturna en Tirán fue de nuevo maravillosa. Ya más acostumbrados a este mar y a las especies que en el habitan, y en aguas tranquilas y poco profundas, pudimos centrarnos en ver la vida pequeña, tan activa por la noche. Cangrejos, quisquillas y camarones, o pequeños peces ocultos entre los corales que dejaban ver los pólipos extendidos. Además, una pequeña jibia y los habituales peces león y escorpión. Extraños gusanos semitransparentes de medio metro, holoturias, erizos de agudos pinchos, que ya habíamos visto en todas las nocturnas, otros erizos de cortas púas y miles de tentáculos y también un curioso erizo lápiz, de púas gordas. Junto a una pared, entre dos gorgonias paralelas se ocultaba un pez loro de gran tamaño, subrayado por un fusilero de Suez y acentuado por un pargo que levitaba sobre el conjunto, bajo todos ellos y oculto en las caprichosas formas de un coral, un nido de peces payaso con su anémona.
8 de diciembre de 2006
Sólo nos quedaban dos buceadas, la primera en Tirán, y la de despedida en el Templo, ya en la costa cercana a Sharm el Sheik .
La primera de ellas, la hicimos a primera hora de la mañana en el Arrecife de Thomas, o Thomas Reef, cerca de otro arrecife con su barco encallado, que hace pocos años aún permanecía de una pieza, pero que ahora yace partido en dos grandes pedazos, tras colisionar otra nave contra el. Parte de los compañeros hicieron una inmersión más profunda, en un cañón submarino, que tiene tres grandes arcos submarinos que unen sus paredes a distintas profundidades, alcanzándose prácticamente los 60 metros de profundidad. Durante el paso bajo una de ellas encontraron el blanquecino cadáver de un pez piedra.
Otros participábamos en la otra opción, recorriendo el arrecife en inmersión caribeña por el lado sur del arrecife y desplazándonos hacia el oeste. Vimos una vida muy rica, en un arrecife densamente poblado. En un rincón de la pared a poca distancia una de otra, vimos dos morenas. Una, grande y oscura, que era atendida por un lábrido limpiador que intentaba limpiar las comisuras de una herida en la cabeza. La morena sufría pacientemente la operación, pero de vez en cuando se encogía de dolor. La otra morena era pequeña, casi blanca con unos puntos característicos en la cabeza, que después identificamos como morena pimienta. No era la primera que veíamos de su tipo, pero si la que nos permitió mayor familiaridad para observarla. Además, casi al final de la inmersión, encontramos una tortuga que estaba arrancando alcionarios de color naranja que comía después con gusto.
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Despedida del Emperador y atardecer en Tirán
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Tristemente llegó la última zambullida, en el Templo. El lugar de inmersión está frente a una playa muy turística en la bahía de Ras Umm Sid . Aguas tranquilas, un par de columnas coralinas y varios pináculos caracterizan la inmersión y le dan nombre, pues en Egipto los templos acostumbran a tener la entrada flanqueada por dos columnas u obeliscos desde antiguo. A parte de la vida habitual y de una rémora que rodeaba nuestro grupo buscando a alguien a quien pegarse, la principal misión de esta buceada fue la de hacernos una foto submarina de grupo, y despedirnos de las profundidades hasta otra ocasión. Un Emperador se acercó a despedirse en nombre de los habitantes de los fondos marinos del Mar Rojo.
El Rayo Verde y el Sol
No todo iba a ser buceo. A pesar de estar en un barco, se puede disfrutar de múltiples alternativas para pasarlo bien y gozar de la naturaleza. En el Mar Rojo es posible ensimismarse contemplando la puesta de sol o el amanecer, ambos espectaculares y diferentes cada día. La puesta de sol es, habitualmente rojiza, en una gran franja sobre el disco solar, y sorprendentemente rápida. El efecto puede estar embellecido o deslucido por las nubes o la calima, o la proximidad a la costa, si el Sol se pone por allí. El amanecer viene precedido por un anuncio de los rayos solares, escapando hacia el cielo, como si el dios Sol (Ra, allá en Egipto) asomara precedido por su corona. Los horarios nos descolocaban un poco, acostumbrados al horario europeo, pese a que la diferencia horaria es sólo de una hora antes en Egipto. En las fechas de nuestro viaje, a primeros de diciembre, el Sol salía sobre las 6:20 de la mañana, hora local y se ponía a eso de las 16:30.
El primer día de inmersiones, al salir de la zambullida vespertina y mientras nos quitábamos el equipo a popa, no dejamos de mirar al Sol con la esperanza de ver el Rayo Verde, a pesar de que la puesta de Sol era por tierra, sobre una de las islas de Goubal . Tuvimos suerte, la atmósfera estaba limpia y la costa lo bastante baja como para que pudiéramos observar durante casi un segundo y medio este fenómeno habitualmente esquivo. Al día siguiente, en Sha´ab Aly , más de la mitad de los componentes de la expedición esperábamos en la cubierta superior para ver al huidizo rayo que esta vez no se mostró, al ponerse el sol por la quebrada línea del horizonte de la lejana costa egipcia. Sin embargo, tras esa noche, al amanecer sobre el Thistlegorm , fuimos varios los que pudimos observar el Rayo Verde en la salida del Sol. El portento fue visible muy poco tiempo, menos de un segundo, al empujar la formidable bola solar con su luminosa esfera a la pequeña burbuja verde. Alfonso lo grabó y aparece en el vídeo que elaboró Andoni, pero se ve tan pequeño el Sol que no se distingue el fenómeno. Si os interesa saber más sobre el tema, hay infinidad de páginas de aficionados o profesionales:
http://weblogs.madrimasd.org/astrofisica/archive/2006/05/17/23278.aspx
http://foro.meteored.com/index.php?board=13;action=display;threadid=14419;start=0#lastPost
La despedida
El último día, tras la inmersión en el Templo, todos sentíamos el alma dividida. Por un lado se acababa lo bueno (el buceo, el barco, las comidas, el conocer sitios nuevos, y en parte, el compañerismo entre nosotros, aunque seguiríamos viéndonos después…), por otro, el regreso nos permitiría compartir el viaje con los seres queridos y descansar del extenuante ritmo de cuatro buceadas diarias, aunque gracias al Nitrox , la sensación de agotamiento casi no ha existido. Todos nos afanábamos en secar y guardar el equipo, y en los preparativos de la partida. Algunos ya hacían sus cuentas para ver cuándo coincidía de nuevo un puente de la Inmaculada-Constitución que permitiera reeditar el viaje. Los más avezados calcularon que será en 2010. ¡Maldita sea! ¡Casi cuatro años! Afortunadamente nos quedaba la noche en Naama Bay y la última cena juntos. Primero hicimos unas compras por el “parque temático” en el que se ha convertido el barrio comercial de Sharm el Sheik . En cada rincón alguien nos invitaba a ir a su tienda con las excusas más peregrinas (¿Hola de dónde eres?....tu firmar en mi libro de visitas, tu enseña mi algunas palabras en español…) al rato, y más que hartos de semejante abordaje, respondíamos lo primero que se nos ocurría. Uno terminó creyendo que le engañábamos al decirle que éramos españoles, a otro le respondíamos sólo en euskera, y nos mandó a la porra. Luego, a uno de los últimos…, bueno, la cosa fue así, pero en inglés:
–Hola, ¿de dónde vienes? –preguntó el joven vendedor.
–De un país –contesté con aire misterioso.
–Pero ¿de un país dónde?
–De un país en algún lugar de Europa.
–Si ¿pero de qué país?
–Es un secreto.
– ¿Por qué es un secreto? – Preguntó, percibiendo la guasa.
–Porque soy un agente disfrazado y estoy aquí en misión especial.
– ¿Agente secreto?
–Sí. Estoy seguro de que no quieres saber más…sería peligroso para ti… ¿entiendes?–sentencié con un tono jocosamente amenazante.
Terminamos haciendo unas risas con él pero gracias a la argucia olvidó invitarnos a su tienda, que era de lo que se trataba.
Tras las compras, nos reunimos en el Camel Hotel Café , y después fuimos a cenar en la terraza que el hotel seleccionado por David tenía instalada en un muelle construido directamente sobre el arrecife. Desde la mesa podíamos observar las evoluciones de los fusileros, los peces trompeta, los peces escorpión, algún pez cofre… pudimos degustar varios platos de cocina internacional con algunas especialidades locales. Durante la cena una bailarina ejecutó la danza del vientre. Éste era bien visible gracias al patrón de belleza egipcio. Después un danzarín que llevaba varias faldas de colores nos amenizó con un baile en el que giraba continuamente en el mismo sentido realizando distintas figuras al situar las faldas en distintas posiciones. Lo más sorprendente es que no se cayera redondo al terminar y que pudiera andar en línea recta.
El día siguiente era el de la partida. Tras una larga espera después del desayuno, al autobús nos trasladó desde Travco Marine , el puerto, hasta el aeropuerto de Sharm el Sheik. El regreso fue similar a la ida, pero con un ambiente de camaradería si cabe mayor. Volamos a El Cairo sobrevolando el Sinaí de intrincado diseño, la embocadura del Canal de Suez, por el lado del Mar Rojo y finalmente, el Nilo, poco antes de aterrizar. Ya en tierra y con un tiempo de espera similar al del viaje anterior, repetimos la visita a Khan el Khalili , que ahora estaba mucho más animado tras la puesta del Sol. Hicimos las últimas compras antes del vuelo nocturno de regreso a Madrid. Al salir de la T4, comenzaron las despedidas, pues Carmen, Cristina y Germán se quedaban allí mientras el resto nos embarcamos en un autobús hacia Bilbao.
Agradecimientos:
Gracias a todas las personas que han contribuido a que este viaje sea tan agradable, a los miembros y colaboradores de Abando Dive Travel , a la tripulación del Sea Queen I con David Fernández al frente y Ahmed , como divemaster , que han hecho que nos sintamos como en casa (e incluso mejor), a Yihad y Mohamed que tanto nos ayudaron y acompañaron en El Cairo; al compresor que todavía estará echando humo por el esfuerzo de cargar botellas todo el día; y, con mucho cariño, a todos los compañeros de viaje de Urtabi y agregados: Andoni y Nekane, Alfonso y Cristina, Luis, Leticia y su prima Marina, Andoni, Fermín, Javi, Josemi (“tesorines”), Germán, Carmen, Estanis, Joseba y Noelia, Ricar, Jose Ignacio, Juanjo, “Pata” (Pata-Minh) y su hermano Oscar, Joseba, Unai y Patxi.
Patxi Diez de Ulzurrun Molina |
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