23 y 24 de setiembre de 2.006
Quizá no sea este el mejor viaje para hacer una crónica de buceo, pero de todas las experiencias se aprende algo... ¿no?.
El Viernes 22, según iban claudicando las jornadas de trabajo, agarramos el coche sin dudarlo y tiramos hasta Girona. Íbamos a bucear gente del club. Suficiente motivación.
El Sábado 23 hicimos lo que para muchos es madrugar. Tempranito a desayunar, que con eso de que consistía en un buffet, la sentada y la digestión previa a la inmersión programada a las 9:00 horas, iban a ser largas.
Tras los primeros cafés, tenemos noticias de que vamos en la segunda salida. Creo que fue más o menos a las 11:30 horas.
Tampoco teníamos mucho intervalo de espera, y en seguida nos llegó la hora de embarcar.
Sin embargo, a alguno que otro, no le habría importado haberse quedado un ratito más durmiendo...
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El día barruntaba bastante inestable. El cielo estaba constantemente plomizo, no paraba de llover, el agua se veía muy revuelta desde la superficie, y la fuerza del oleaje iba aumentando... estupendo.
Aún así, era imposible desanimar a unos buceadores de Bilbao. |
La primera inmersión la hicimos en LA CUEVA DE LA VACA.
Nota: Por causas ajenas a nuestra voluntad, ya que mi carcasa submarina todavía sigue teniendo miedo al agua, no se tienen fotos de la inmersión. Necesita más tiempo.
Descendiendo con una boya cercana a la pared como guía, nos situamos a unos 12-15 metros, para continuar nadando dirección Este. Al cabo de unos pocos minutos, localizamos fácilmente las entradas al túnel, pues son de una dimensión considerable.
Una vez dentro de la cueva, exploramos sus paredes adornadas de esponjas, algas incrustantes, cnidarios y demás elementos multicolores, buscando con el foco algún congrio o bogavante escondido.
El mal tiempo que nos rodeaba, no nos facilitó el disfrutar de los contraluces que esta inmersión nos prometía.
A la salida de la cueva, simpáticos meros habituados a la presencia de buceadores nos esperan.
La poca profundidad de la inmersión, hace que podamos volver tranquilamente hacia la boya guía por la que habíamos descendido, ya que contamos con aire suficiente.
Como buceadores responsables, respetamos escrupulosamente la duración máxima que habíamos planificado para la inmersión.
Si en superficie habíamos decidido que iba a tener una duración de 60 minutos, en el momento exacto en que cumplíamos esa hora sumergidos, dábamos por concluida la inmersión.
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Tras la inmersión, vuelta a tierra comentando los mejores momentos del primer tiempo.
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Y como casi siempre, cada uno tenía su propia opinión de lo que había visto sobre el terreno.
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La segunda inmersión la tuvimos a la tarde, en LA PEDRA DE DEU.
Es una de las inmersiones típicas de Medas, que consiste en una pared vertical que enlaza bajo el agua con el pequeño islote que da nombre a la inmersión.
El tiempo había empeorado, y la visibilidad era muy mala. Realmente, no pudimos disfrutar merecidamente de esta bonita inmersión.
El Domingo volvimos a semi-madrugar pues nos tocaba el turno de la primera inmersión. La noche anterior había estado lloviendo sin parar, y el estado del agua había empeorado todavía más. Tras desayunar se tomó la decisión: No íbamos a hacer más inmersiones.
Así que decidimos volver para casa.
Pese a que alguno parecía reticente a no bucear...

Como se comentaba al principio, creo que cada uno de nosotros habrá aprendido algo de este viaje, a su manera:
La inmensa mayoría pensará, que aunque haga mal tiempo, el camino sea largo, no se consigan todas las expectativas, se cancelen inmersiones... vale la pena simplemente el estar con los compañeros de Urtabi un fin de semana en nuestro ambiente de buceo, aunque no haya habido mucho agua de mar de por medio.
Otros pensarán por ejemplo, que el haber madrugado el sábado y el domingo no ha servido para nada, y que han perdido oportunidad de estar en la cama hasta más tarde. Es de esperar que los que se encuentran dentro de este grupo, que no están despiertos a la hora convenida, que siguen durmiendo, y que no se enteran por lo tanto de la cancelación de las inmersiones, hayan aprendido a no enfundarse el neopreno a las primeras de cambio según saltan de la cama.
... y que en un buen compañero de buceo se puede confiar a ciegas. Pero en el agua.
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